Ark
19-03-2008, 02:20:31
Esa pasión inexplicable llamada Atleti
http://elhacha.files.wordpress.com/2008/02/atletico_1970s.jpg?w=430&h=200 (http://elhacha.wordpress.com/2008/02/26/esa-pasion-inexplicable-llamada-atleti/1195/)
[por Rubén Uría]
Si se pudiera usar la máquina del tiempo, los atléticos estarían encantados de regresar a comienzos de los años noventa. Fue entonces cuando Jesús Gil, apoyado en el engendro del Plan de Saneamiento, tuvo la excusa y la coartada legal para comprar las acciones y hacerse con el club. Aquel fue el principio del fin para el Atlético. El bastardeo comercial de esa frase tan bonita de que el Atleti es el motivo para un sentimiento. Ese sentimiento se pudrió ahí. A partir de eso, el Atlético puso precio a su dignidad. En 1992, el Atlético de Madrid pasó a ser un sentimiento, un club deportivo, unos colores que representaban a unos aficionados y a unos socios. Desde entonces, es una Sociedad Anónima Deportiva en la que la palabra lucro y la palabra negocio están presentes. Desde entonces, el bolsillo vale más que un gol. La cuenta de saldos y resultados, los balances económicos y el márketing tienen más calado que una cabalgada del Ratón Ayala. Aquel día, el Atlético dejó de ser de la gente, y pasó a manos de un señor que tuvo licencia para hacer lo que le diera la gana. Después de la muerte de Jesús Gil - que en paz descanse-, el Atlético no dejó de ser una empresa. Los tribunales absolvieron de presuntos delitos a su actual presidente, Enrique Cerezo, pero mantuvieron jurídicamente el término estafa vinculado a Miguel Ángel Gil Marín en 2004 (http://www.elpais.com/articulo/deportes/Supremo/absuelve/Jesus/Gil/Cerezo/apropiacion/indebida/elpepidep/20040709elpepidep_3/Tes). A día de hoy, el Atlético camina por la senda de los elefantes, con las orejas gachas y con la ilusión por los suelos. Lleva doce años de mala racha deportiva, ha despilfarrado millones de euros en fichajes de dudosa valía y rendimiento mediocre, ha contratado y despedido a tantos entrenadores como para formar cinco equipos de fútbol, ha insertado en el club a ejecutivos que desconocen la historia del club, han cambiado incluso las rayas de la camiseta y han conseguido que la masa social se vea obligada a cambiar de casa, de estadio.
¿Qué es lo único que no ha cambiado en el Atlético? Sus dirigentes (http://elhacha.wordpress.com/2007/06/26/sin-noticias-de-gurb/). La llama de la ilusión del Atlético de Madrid - o lo que queda de él, que es su afición-, se apaga poco a poco, es cada día que pasa más tenue, y quizá algún día, cuando jugadores, entrenador y directivos quieran darse cuenta, quizá en su lecho de muerte, cuando pasen muchos, muchos años, se darán cuenta de que ellos dejaron morir un sentimiento. El de una gente a la que no respetaron. El de una gente por la que no lucharon. El de una gente a la que, de muchos modos, engañaron. El de una pasión inexplicable, llamada Atlético de Madrid, a la que están intentando asesinar, con el silencio de los altavoces mediáticos de una prensa cada vez más complaciente y acomodada. Pero los pasajeros del palco, los que llegaron para servirse del Atleti y no para servir al Atleti, no pudieron comprar algunas cosas. No estaba en venta la foto en blanco y negro de José Eulogio Gárate. No tenía precio el ala infernal de Peiró y Collar, y los baños al Real Madrid en la Copa del Generalísimo. Era impensable comprar un control de espuela de Ben Barek. Y hoy, se pongan como se pongan, compren lo que compren, palabras más palabras menos, no tienen dinero suficiente para comprar a la afición del Atlético. Esa afición que ha roto el carné cuarenta veces, es cierto, pero que sigue abrazada a esa pasión inexplicable llamada Atleti. Esa afición que no está en venta.
Mientras la prensa silencia, actúa como cómplice y ríe las gracias de los actitud bufonesca de los regentes, el Atlético vive como el tango argentino. Con el orgullo de haber sido, y el dolor de ya no ser. Con aire de Paul Newman (http://elhacha.wordpress.com/2006/09/25/la-leyenda-del-indomable/), que sería sufrido socio del Atleti, pero también con gesto de esos Pacomartínezsoria del palco, esos Don Erre que Erre a quienes parece que sólo les importa el color del dinero. De sus bocas salen todas las palabras que un diccionario tiene al alcance, menos la palabra fracaso. Esa cosa que nunca se nombra. Se habla de malas rachas, de mala fortuna, de la amiga mala suerte. Del acierto. De la sangre fría. De la unidad del vestuario, del chau-chau y del voulez-vous. Del tal y tal. Es un discurso repetido. Una suerte de excusas al uso. Un manual perfecto para tapar los socavones de los incendios que ellos mismos provocan y que no son capaces de apagar. Se lo sacan de la manga, con la permisividad de los periodistas, que cada día son (somos) más sumisos o más egipcios - porque muchos comen de los futbolistas y otros de los directivos- y con ellos repiten el monólogo aprendido de la temporada anterior. Es el manual del talante. De la palabra al viento. De la vente de humo. Del balones fuera. Del pío, pío, que yo no he sido. Llegan cuando te meten 0-6 en casa y Torres se marcha. Llegan cuando dicen que van a por Riquelme, no lo fichan y no tienen bemoles a explicar con luz y taquígrafos por qué. Llegan cuando haces el ridículo en Europa frente a un Bolton donde el mejor es Iván Campo, con perdón. Llegan cuando tiras a la basura la Copa del Rey. Llegan cuando permites que un entrenador pierda los papeles y diga ‘que se joda la prensa’, para después perder en Pamplona y que ningún periodista le pregunte quién carajo debe estar jodido entonces. Llegan cuando el Atlético sigue como Bill Murray, Atrapado en el tiempo, en un día de la marmota que nunca acaba. Porque en el Atlético de Giles y Cerezos nunca sale el sol. Siempre hay tiempo para que incluso el Kun Agüero, ese maradonita en potencia, ese talento fino, termine por contagiarse del virus de la mediocridad.
Con Gil Marín - el de la nariz picassiana según un periodista- y Cerezo - el que tiene pinta de un peluquero de señoras según otro periodista-, el Atlético prosigue su cuesta abajo y sin frenos. Ha contratado a un entrenador pero no sabe exactamente para qué, así que tampoco sabe exactamente por qué despedirlo o ratificarlo. Ha destrozado la cantera por que no sabe exactamente para qué demonios la mantiene, después de que Jesús Gil se la fumigara con tanta energía como desatino. Ha fichado a futbolistas por un precio tres veces mayor del de su valor futbolístico real, y ha contratado a un Secretario Técnico que ha desnaturalizado la plantilla con decisiones, cuando menos, cuestionables. En el haber de Gil Marín, muchas fotografías, muchas gestiones, muchas relaciones institucionales, muchas palabras y algunos aciertos. En lo personal, nada que declarar. Ni en su contra, ni en su favor. En el de Enrique Cerezo queda el dolor de aparecer como un títere en el que alguien le mete la mano por detrás y le usa como paraguas. Consta que Cerezo es buena persona, incluso un señor que no necesita seguir en este tipo de tinglados, y quizá un tipo que se juegue su dinero en su Sociedad Anónima Deportiva. Es, por tanto, un tipo al que uno nunca le desearía cosas malas, pero al que tampoco le debería contar mentiras. En los últimos años, doce desde el doblete, Gil Marín y Cerezo no han sabido dar con la tecla. Lo han hecho casi todo tarde, mal y muy caro, y deben marcharse. No se trata de juzgar a personas, ni sus intenciones, pero sí de mirar al futuro, de mirar quién era el Atlético antes de que ellos llegaran y en qué se ha convertido ahora. Las opiniones son como los culos, cada uno tiene uno, pero los datos no. Antes de los Gil, el Atlético había conquistado ocho Ligas y seis Copas del Rey, amén de una Supercopa de España, una Recopa de Europa y una Intercontinental. Es decir, 17 títulos. Después de que Vicente Calderón - el mejor presidente de la historia del fútbol español, junto a Bernabéu- abandonara el mundo de los vivos, llegaron los Gil. Con ellos al mando, y con el club prostituído en SAD, el Atlético ha logrado una Liga y dos Copas del Rey. Son datos. Hechos. No opiniones. Ni culos. Ni gaitas. Ni cuentos chinos.
Uno no tiene la bola de cristal para saber qué demonios pasará cuando los Gil y los Cerezo de turno cojan su maleta y se marchen, algo que parece improbable, porque el futuro no está escrito. Ésa es duda existencial que corroe por dentro a los aficionados rojiblancos. Los actuales propietarios del club siguen impasibles en sus trece. Sólo les queda una única dirección decente que tomar, pero no la toman: Diseñar una venta organizada del club, buscando alguien que sea capaz de devolver la ilusión a un Atlético de Madrid que, a cada día que pasa, se vuelve más y más mediocre. Mientras Gil Marín y Cerezo siguen intoxicando el aire del Calderón con su presencia - y reitero que no tengo nada personal contra ellos-, el fuego de la llama del Atlético se sigue apagando. Lenta, pero inexorablemente. Poco a poco, pero sin desmayo.
Compraron el Atlético por un puñado de dólares. Lo hicieron suyo. Con más confusión que otra cosa. Con más oportunismo que otra cosa. Con líos en los juzgados. Con muchas sospechas documentales de que pusieran realmente el dinero para comprar el club. Pero lo compraron, tribunales mediante. Pero los pasajeros del palco, los que llegaron para servirse del Atleti y no para servir al Atleti, no pudieron comprar algunas cosas. No estaba en venta la foto en blanco y negro de José Eulogio Gárate. No tenía precio el ala infernal de Peiró y Collar, y los baños al Real Madrid en la Copa del Generalísimo. Era impensable comprar un control de espuela de Ben Barek. Y hoy, se pongan como se pongan, compren lo que compren, palabras más palabras menos, no tienen dinero suficiente para comprar a la afición del Atlético. Esa afición que ha roto el carné cuarenta veces, es cierto, pero que sigue abrazada a esa pasión inexplicable llamada Atleti. Esa afición que paga por ver a Agüeros y Forlanes, no a Pernías y Pablos. Esa afición que está harta de estar harta.Esa afición que no tiene precio. Esa afición que nunca estará en venta.
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Artículo original por elhacha en:
http://elhacha.wordpress.com/2008/02/26/esa-pasion-inexplicable-llamada-atleti/ (http://elhacha.wordpress.com/2008/02/26/esa-pasion-inexplicable-llamada-atleti/)
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[por Rubén Uría]
Si se pudiera usar la máquina del tiempo, los atléticos estarían encantados de regresar a comienzos de los años noventa. Fue entonces cuando Jesús Gil, apoyado en el engendro del Plan de Saneamiento, tuvo la excusa y la coartada legal para comprar las acciones y hacerse con el club. Aquel fue el principio del fin para el Atlético. El bastardeo comercial de esa frase tan bonita de que el Atleti es el motivo para un sentimiento. Ese sentimiento se pudrió ahí. A partir de eso, el Atlético puso precio a su dignidad. En 1992, el Atlético de Madrid pasó a ser un sentimiento, un club deportivo, unos colores que representaban a unos aficionados y a unos socios. Desde entonces, es una Sociedad Anónima Deportiva en la que la palabra lucro y la palabra negocio están presentes. Desde entonces, el bolsillo vale más que un gol. La cuenta de saldos y resultados, los balances económicos y el márketing tienen más calado que una cabalgada del Ratón Ayala. Aquel día, el Atlético dejó de ser de la gente, y pasó a manos de un señor que tuvo licencia para hacer lo que le diera la gana. Después de la muerte de Jesús Gil - que en paz descanse-, el Atlético no dejó de ser una empresa. Los tribunales absolvieron de presuntos delitos a su actual presidente, Enrique Cerezo, pero mantuvieron jurídicamente el término estafa vinculado a Miguel Ángel Gil Marín en 2004 (http://www.elpais.com/articulo/deportes/Supremo/absuelve/Jesus/Gil/Cerezo/apropiacion/indebida/elpepidep/20040709elpepidep_3/Tes). A día de hoy, el Atlético camina por la senda de los elefantes, con las orejas gachas y con la ilusión por los suelos. Lleva doce años de mala racha deportiva, ha despilfarrado millones de euros en fichajes de dudosa valía y rendimiento mediocre, ha contratado y despedido a tantos entrenadores como para formar cinco equipos de fútbol, ha insertado en el club a ejecutivos que desconocen la historia del club, han cambiado incluso las rayas de la camiseta y han conseguido que la masa social se vea obligada a cambiar de casa, de estadio.
¿Qué es lo único que no ha cambiado en el Atlético? Sus dirigentes (http://elhacha.wordpress.com/2007/06/26/sin-noticias-de-gurb/). La llama de la ilusión del Atlético de Madrid - o lo que queda de él, que es su afición-, se apaga poco a poco, es cada día que pasa más tenue, y quizá algún día, cuando jugadores, entrenador y directivos quieran darse cuenta, quizá en su lecho de muerte, cuando pasen muchos, muchos años, se darán cuenta de que ellos dejaron morir un sentimiento. El de una gente a la que no respetaron. El de una gente por la que no lucharon. El de una gente a la que, de muchos modos, engañaron. El de una pasión inexplicable, llamada Atlético de Madrid, a la que están intentando asesinar, con el silencio de los altavoces mediáticos de una prensa cada vez más complaciente y acomodada. Pero los pasajeros del palco, los que llegaron para servirse del Atleti y no para servir al Atleti, no pudieron comprar algunas cosas. No estaba en venta la foto en blanco y negro de José Eulogio Gárate. No tenía precio el ala infernal de Peiró y Collar, y los baños al Real Madrid en la Copa del Generalísimo. Era impensable comprar un control de espuela de Ben Barek. Y hoy, se pongan como se pongan, compren lo que compren, palabras más palabras menos, no tienen dinero suficiente para comprar a la afición del Atlético. Esa afición que ha roto el carné cuarenta veces, es cierto, pero que sigue abrazada a esa pasión inexplicable llamada Atleti. Esa afición que no está en venta.
Mientras la prensa silencia, actúa como cómplice y ríe las gracias de los actitud bufonesca de los regentes, el Atlético vive como el tango argentino. Con el orgullo de haber sido, y el dolor de ya no ser. Con aire de Paul Newman (http://elhacha.wordpress.com/2006/09/25/la-leyenda-del-indomable/), que sería sufrido socio del Atleti, pero también con gesto de esos Pacomartínezsoria del palco, esos Don Erre que Erre a quienes parece que sólo les importa el color del dinero. De sus bocas salen todas las palabras que un diccionario tiene al alcance, menos la palabra fracaso. Esa cosa que nunca se nombra. Se habla de malas rachas, de mala fortuna, de la amiga mala suerte. Del acierto. De la sangre fría. De la unidad del vestuario, del chau-chau y del voulez-vous. Del tal y tal. Es un discurso repetido. Una suerte de excusas al uso. Un manual perfecto para tapar los socavones de los incendios que ellos mismos provocan y que no son capaces de apagar. Se lo sacan de la manga, con la permisividad de los periodistas, que cada día son (somos) más sumisos o más egipcios - porque muchos comen de los futbolistas y otros de los directivos- y con ellos repiten el monólogo aprendido de la temporada anterior. Es el manual del talante. De la palabra al viento. De la vente de humo. Del balones fuera. Del pío, pío, que yo no he sido. Llegan cuando te meten 0-6 en casa y Torres se marcha. Llegan cuando dicen que van a por Riquelme, no lo fichan y no tienen bemoles a explicar con luz y taquígrafos por qué. Llegan cuando haces el ridículo en Europa frente a un Bolton donde el mejor es Iván Campo, con perdón. Llegan cuando tiras a la basura la Copa del Rey. Llegan cuando permites que un entrenador pierda los papeles y diga ‘que se joda la prensa’, para después perder en Pamplona y que ningún periodista le pregunte quién carajo debe estar jodido entonces. Llegan cuando el Atlético sigue como Bill Murray, Atrapado en el tiempo, en un día de la marmota que nunca acaba. Porque en el Atlético de Giles y Cerezos nunca sale el sol. Siempre hay tiempo para que incluso el Kun Agüero, ese maradonita en potencia, ese talento fino, termine por contagiarse del virus de la mediocridad.
Con Gil Marín - el de la nariz picassiana según un periodista- y Cerezo - el que tiene pinta de un peluquero de señoras según otro periodista-, el Atlético prosigue su cuesta abajo y sin frenos. Ha contratado a un entrenador pero no sabe exactamente para qué, así que tampoco sabe exactamente por qué despedirlo o ratificarlo. Ha destrozado la cantera por que no sabe exactamente para qué demonios la mantiene, después de que Jesús Gil se la fumigara con tanta energía como desatino. Ha fichado a futbolistas por un precio tres veces mayor del de su valor futbolístico real, y ha contratado a un Secretario Técnico que ha desnaturalizado la plantilla con decisiones, cuando menos, cuestionables. En el haber de Gil Marín, muchas fotografías, muchas gestiones, muchas relaciones institucionales, muchas palabras y algunos aciertos. En lo personal, nada que declarar. Ni en su contra, ni en su favor. En el de Enrique Cerezo queda el dolor de aparecer como un títere en el que alguien le mete la mano por detrás y le usa como paraguas. Consta que Cerezo es buena persona, incluso un señor que no necesita seguir en este tipo de tinglados, y quizá un tipo que se juegue su dinero en su Sociedad Anónima Deportiva. Es, por tanto, un tipo al que uno nunca le desearía cosas malas, pero al que tampoco le debería contar mentiras. En los últimos años, doce desde el doblete, Gil Marín y Cerezo no han sabido dar con la tecla. Lo han hecho casi todo tarde, mal y muy caro, y deben marcharse. No se trata de juzgar a personas, ni sus intenciones, pero sí de mirar al futuro, de mirar quién era el Atlético antes de que ellos llegaran y en qué se ha convertido ahora. Las opiniones son como los culos, cada uno tiene uno, pero los datos no. Antes de los Gil, el Atlético había conquistado ocho Ligas y seis Copas del Rey, amén de una Supercopa de España, una Recopa de Europa y una Intercontinental. Es decir, 17 títulos. Después de que Vicente Calderón - el mejor presidente de la historia del fútbol español, junto a Bernabéu- abandonara el mundo de los vivos, llegaron los Gil. Con ellos al mando, y con el club prostituído en SAD, el Atlético ha logrado una Liga y dos Copas del Rey. Son datos. Hechos. No opiniones. Ni culos. Ni gaitas. Ni cuentos chinos.
Uno no tiene la bola de cristal para saber qué demonios pasará cuando los Gil y los Cerezo de turno cojan su maleta y se marchen, algo que parece improbable, porque el futuro no está escrito. Ésa es duda existencial que corroe por dentro a los aficionados rojiblancos. Los actuales propietarios del club siguen impasibles en sus trece. Sólo les queda una única dirección decente que tomar, pero no la toman: Diseñar una venta organizada del club, buscando alguien que sea capaz de devolver la ilusión a un Atlético de Madrid que, a cada día que pasa, se vuelve más y más mediocre. Mientras Gil Marín y Cerezo siguen intoxicando el aire del Calderón con su presencia - y reitero que no tengo nada personal contra ellos-, el fuego de la llama del Atlético se sigue apagando. Lenta, pero inexorablemente. Poco a poco, pero sin desmayo.
Compraron el Atlético por un puñado de dólares. Lo hicieron suyo. Con más confusión que otra cosa. Con más oportunismo que otra cosa. Con líos en los juzgados. Con muchas sospechas documentales de que pusieran realmente el dinero para comprar el club. Pero lo compraron, tribunales mediante. Pero los pasajeros del palco, los que llegaron para servirse del Atleti y no para servir al Atleti, no pudieron comprar algunas cosas. No estaba en venta la foto en blanco y negro de José Eulogio Gárate. No tenía precio el ala infernal de Peiró y Collar, y los baños al Real Madrid en la Copa del Generalísimo. Era impensable comprar un control de espuela de Ben Barek. Y hoy, se pongan como se pongan, compren lo que compren, palabras más palabras menos, no tienen dinero suficiente para comprar a la afición del Atlético. Esa afición que ha roto el carné cuarenta veces, es cierto, pero que sigue abrazada a esa pasión inexplicable llamada Atleti. Esa afición que paga por ver a Agüeros y Forlanes, no a Pernías y Pablos. Esa afición que está harta de estar harta.Esa afición que no tiene precio. Esa afición que nunca estará en venta.
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Artículo original por elhacha en:
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